Cuantos recuerdos! Seis años corriendo, viviendo emociones, conociendo runners, aprendiendo del verdadero espíritu de un corredor, donde nada es imposible. Aprendes a disfrutar lo simple, a sonreir, a ser humilde, a compartir, a luchar por lo que quieres. Aprendes que con esfuerzo todo se logra, que nada es imposible. Aprendes a vivir.
Todo comenzó al ver un cartel en la locomocón colectiva, en esas viejas micros amarillas, ruidosas, las que utilizaba en mi época de estudiante. Era el año 2005 y un aviso de Nike 10K me llamaba la atención... "Yo corro porque...", era el eslogan. Muy buena pregunta, ¿porqué correr?. En esos días no tenía una visión clara de lo que era correr, pero me pareció un bonito desafio. Mis primeros 10K.
Mi primera corrida. En esos años aún no eran masivas, y era poca la gente motivada a un domingo levantarse temprano para salir a correr. ¿Para qué esforzarse, si es mejor quedarse en casa durmiendo unos minutos más?. Sin saber porque, me animé a regañadientas, pero alli estaba en la partida con 5000 o más corredores, ansiosos que dieran la señal de partida. Señal de pártida, cuanto alboroto, sonrisas y gritos de euforía. Corrí con todas mis fuerzas. Avanzaba muy lento y cada kilómetro se hacía interminable. Por primera vez percibí aquél espíritu del que tanto se habla. Personas dándolo todo, gordos, flacos, altos , bajos, niños, abuelos, madres y padres. No faltaba nadie. El momento era perfecto, todos disfrutando, viviendo, sudando, sintiendo dolor, todo por cruzar esa delgada línea marcada en el piso que dice "META" y poder decir con orgullo "Misión Cumplida".
Wow!!!. Recordar ese momento me pone los pelos de punta, fue increible. Mi tiempo 57 minutos aproximadamente. Muchos llegaron antes que yo, pero llegar a la META completamente adolorida, queriendo tomar 5 litro de agua, fue la mejor recompensa al esfuerzo. Desde ese día no he parado de correr, ni con lluvia, ni con sol. Seis años de magníficos momentos, con lluvía, sol, calor, frio, con pena o con una sorisa en mis labios, acompañada o sola.
Y llego el año 2011. El año de mi primera maratón. Cuanta ilusión, ganas, gratitud y euforia. Cuantos días y noches de entrenamiento. Días de no transnochar para levantarse a correr antes que el sol despertara a la ciudad. Noches en que para despejar la cabeza después de un largo día escuchando personas discutiendo cosas sin importancia en el trabajo, no había como agarrar las zapatillas y salir a correr, simplemete correr. Días sabados muy temprano, corriendo por el cerro San Cristobal con mi grupo de running. Noches entrenando en Pocuro. Días estudiando el recorrido de los 42K.
Al ver tanta gente disfrutando de lo mismo, cruzandonos por las calles con una sonrisa, con un saludo a lo lejos, sin siquiera saber quienes somos, solo por ser runners, solo por tener ese espíritu y esa esencia, bastaba para no desanimarme y seguir entrenando.
Muchas veces es díficil que un "no runner" entienda los porque del correr y que tiene de especial. Por eso muchas veces se hace díficil seguir la constancia del entrenamiento si no estas convencida de que lo lograrás, no faltan los que se hacen llamar amigos y en el fondo no creen ni siquiera que correrás los 21K. Pero hay que seguir, no para demostrarle a los demás que eres capaz, sino que para cumplir tus sueños y vivir un momento que pocos han vivido, y que algunos ni siquiera harían el esfuerzo por vivirlo, simplemente porque les da flojera. Y así lo hice.
Tres semanas antes, una lesión en la pierna. Lo peor que me podía pasar. Inmediatamente parar entrenamientos y realizar exámenes. No podía ser nada grave, solo había que parar un rato y confiar en Dios. Días después con exámenes en mano, no salió nada. Que era ese dolor que tenía???.. Uf díficil decisión, correr la maraton y cumplir el sueño tal como lo había deseado hace años o parar y esperar una nueva oportunidad.
El tiempo pasaba y solo días para el 3 de abril. El dolor continuaba y yo solo confiando en Dios. Solo él me podría dar la fuerzas para de todas formas correr la maratón.
Hasta que llego el día. Era el momento. Cuanto nervio, cuantas ganas de que fueran las 6 AM para levantarse y partir al punto de encuentro. A horas de vivir un momento único, mágico e inolvidable. El primero de muchos...
No tengo palabras para expresar esas cuatro horas diesinueve minutos de emoción, dolor, lágrimas, sonrisas, euforia, gritos de aliento, gritos de rabia, gritos de alegría... simplemente inspirador!!!!... y se pudo. Gracias a Dios se pudo.
Pude decir "MISIÓN CUMPLIDA".
